Programación metabólica y microbiota
La microbiota intestinal es determinante para tener una buena salud y prevenir enfermedades crónicas, degenerativas, autoinmunes… pero, ¿sabes cómo se conforma la microbiota?
La alimentación, hábitos y el estilo de vida que llevamos influyen en su composición, pero los 1000 primeros días desde el momento de la concepción son los más importantes para establecer las bases de esa microbiota. Durante estos 1000 primeros días se establece la programación de tu microbiota, y ésta va a ser la base a la que siempre vas a tener tendencia a adquirir. Así, si tu microbiota de base es buena y diversa, vas a tener mayor resiliencia y protección, por el contrario, si partes de una microbiota con poca diversidad y mayor porcentaje de bacterias patógenas, vas a tener más probabilidades de tener enfermedades inflamatorias y crónicas. Pero tranquilo, esto se puede modificar, simplemente tendrás que trabajar un poco más en tu estilo de vida y alimentación.
Embarazo
Desde el momento de la concepción y hasta el parto, la madre transmite su microbiota al bebé, por eso es tan importante que la madre tenga una buena alimentación y salud microbiana, también en la boca. Madres gestantes con gingivitis y/o periodontitis (enfermedades inflamatorias de las encías donde predominan bacterias patógenas como Porphyromona gingivalis) pasan estas bacterias al bebé, y sabemos que la presencia de estas bacterias se relacionan en el adulto con obesidad, HTA, diabetes mellitus y Alzheimer.
Parto
El tipo de parto también condiciona la colonización bacteriana, los niños que nacen por parto vaginal adquieren Lactobacillus y Bifidobacterias presentes en el canal vaginal de la madre, si embargo, los que nacen por cesárea adquieren microbiota de la piel, como el Staphylococcus aureus y bacterias típicas del instrumental quirúrgico, lo que no es el mejor escenario para el bebé. Evidentemente, cuando la cesárea es necesaria para salvar la vida del niño o la madre, no cabe duda que hay que realizarla, pero podemos compensarlo con el simple hecho de pasar una gasa por la vagina de la madre y después pasarla por la cara del bebé, esto ayuda a que adquiera las bacterias beneficiosas que habría adquirido por parto vaginal.
Lactancia
Respecto a la lactancia, también vamos a tener notables diferencias entre la lactancia materna o la artificial. Los niños que hacen lactancia materna adquieren Bifidobacterias y Lactobacillus, bacterias protectoras y beneficiosas, junto con otras sustancias como inmunoglobulinas, lactoferrina, los HMOs … que ayudan a modular el sistema inmunológico y protegen frente a infecciones y alergias. La leche de fórmula no consigue imitar estos componentes y la microbiota que adquieren es muy diferente. Una vez más, también podemos mejorar el problema suplementando con probióticos que contengan Bifidobacterias.
Estabilización de la microbiota
Así, según el escenario que ha tenido tu madre durante el embarazo, el tipo de parto y la lactancia, tu escenario va a ser más o menos idóneo.
Sabemos qué niños nacidos por cesárea, que han hecho leche de fórmula o que sus madres tenían simbiosis bucal/intestinal o periodontitis durante el embarazo son más propensos a sufrir infecciones de repetición, alergias, dermatitis atópica, eccemas… incluso patologías inflamatorias crónicas o autoinmunes en la edad adulta.
Lo bueno es que podemos modificar esta microbiota. A partir de la lactancia, cuando empezamos a comer, esta microbiota irá adquiriendo mayor diversidad hasta llegar a la edad adulta. Con la alimentación y buenos hábitos podemos modular esta microbiota, simplemente hemos de ser conscientes de que si nuestra programación de base no es muy “buena”, debemos ser más constantes y trabajar más para tener una microbiota sana.
¿Cómo podemos mejorar esa microbiota?
Lo ideal es analizar cada caso para así poder ir a modificar específicamente las bacterias que queremos disminuir o aumentar, ver el estado de la mucosa, si hay inflamación, permeabilidad… pero a rasgos generales podemos decir que para que haya un equilibrio necesitaos tener diversidad microbiana, para ello debemos tener en cuenta varios factores:
1- alimentación: – dieta variada, rica en vegetales, hortalizas, fruta, cereales integrales, frutos secos, semillas, legumbres…
Pero cuidado, en función de la microbiota que tengas, puede ser que algunos alimentos no te sienten bien. Por ejemplo, si tienes un exceso de firmicutes.
– Proteína animal de calidad, alternada también con proteína de origen vegetal, también va a depender de la microbiota que tengas, por ejemplo, si tienes un exceso de proteolíticas no te conviene abusar de la animal.
– Dieta rica en fibras prebióticas y polifenoles, a las bacterias beneficiosas les encantan. Sin embargo, en casos de SIBO o ciertas intolerancias, algunos alimentos pueden sentar mal.
– Evitar procesados, azúcar, alcohol y reducir el consumo de harinas y cereales refinados. Esto es básico para todo el mundo.
2- Sueño y descanso adecuado, reparador.
3- Gestión del estrés: el estrés también afecta y modifica la microbiota. Las bacterias patógenas proteolíticas aumentan con estrés crónico
4- Respetar ritmos circadianos y dejar reposar al sistema digestivo: hay que dejar horas de reposo intestinal en las que no debemos ingerir alimentos, para dejar que el sistema se limpie y detoxifique. También es importante respetar horarios, por ejemplo, cenar tarde interrumpe y altera y el ritmo circadiano, causando efectos metabólicos negativos y entorpeciendo la detoxificación y rendimiento del sistema inmunológico.
5- Ejercicio diario: el sedentarismo afecta negativamente a la microbiota, el ejercicio físico aumenta la diversidad bacteriana.
6- Contacto con la naturaleza y las mascotas: el contacto con la naturaleza, tierra, árboles, animales… es muy beneficioso, aumenta la diversidad bacteriana.
La finalidad de este blog es puramente informativa, no pretende servir de diagnóstico o tratamiento y no sustituye en ningún caso la consulta con su médico.